Termodinámica de los seres vivos


Construir un edificio es un proceso endergónico. Implica pasar de un estado inicial en el que hay muchos materiales sin ninguna relación entre sí y distribuidos al azar, a un estado final en donde tiene un arreglo determinado.

 

El edificio terminado tiene mucha energía potencial en comparación con los materiales aislados, a partir de los cuales fue construido. Esa energía potencial proviene de procesos exergónicos (consumo del combustible usado por las máquinas durante la construcción y la degradación de los alimentos que se realizó en el organismo de los obreros, entre otros). El edificio es una estructura inestable y tarde o temprano terminará por caer; cuando esto pase, se liberará parte de la energía almacenada en la estructura y los materiales de construcción alcanzarán un estado más estable.

 

En general, una estructura cuanto más compleja sea, requerirá mayor energía para producirla y mantenerla; por consiguiente, será inestable en esa misma proporción.

 

La estructura de los seres vivos es extraordinariamente más compleja que la del más alto de los edificios y por este motivo su inestabilidad es también mayor.

 

Un ser vivo, para mantener su estructura, tiene que utilizar enormes cantidades de energía la cual es producida por procesos espontáneos que ocurren en su ambiente, y reintegra al medio cantidades altas de energía no utilizable. Cuando el ser vivo muere, las fuerzas que tienden a disgregar sus partes actúan libremente y su estructura original se pierde y se disgrega en compuestos más sencillos.